Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Tengo que mencionar necesariamente un proyecto más del señor Pedro que fue extraordinario y que le reveló como maestro de gran alcance y profunda inventiva. Cada vez que se condenaba a la horca a algún granuja de Newgate, Pedro le ofrecía el perdón a cambio de cierta cantidad de dinero, y, cuando el pobre bellaco había hecho todo lo posible por reunirla y enviarla, su señoría le mandaba un trozo de papel en el que se leía:
«A todos los alcaldes, alguaciles, carceleros, policías, agentes, verdugos, etcétera. Considerando que estamos informados de que A. B. sigue en vuestras manos, o en las de alguno de vosotros, sentenciado a muerte. Queremos y os ordenamos, a la vista de esta, que dejéis a dicho prisionero volver a su domicilio, tanto si está condenado por asesinato como por sodomía, violación, sacrilegio, incesto, traición, blasfemia, etcétera, para lo que este escrito debe ser suficiente garantía; y si no lo cumplierais, que Dios os maldiga a vosotros y a los vuestros por toda la eternidad. Y con esto nos despedimos cordialmente.
Vuestro más humilde hombre entre los hombres
Pedro, Emperador».
Los desdichados, confiados, perdieron sus vidas además de su dinero.