Cuento de un tonel
Cuento de un tonel De escalas no necesito decir nada: incluso los extranjeros han observado, para honor de nuestro país, que superamos a todas las naciones en nuestra práctica y conocimiento de ese artefacto. Los oradores ascendentes no solo complacen a su audiencia con su grata disertación, sino al mundo entero con la pronta publicación de sus discursos, que yo considero como lo más selecto de nuestra elocuencia británica, y de los que se me ha informado que ese respetable ciudadano y librero que es el señor John Dunton ha hecho una fiel y trabajada recopilación, que tiene la intención de publicar en breve, en doce volúmenes en folio, ilustrada con planchas de cobre. Una obra sumamente útil y curiosa, y del todo digna de tales manos.
El tercer y último artefacto para oradores es el escenario itinerante, construido con gran sagacidad, sub Jove pluvio, in triviis et quadriviis[3]. Es el gran semillero para los dos anteriores, y sus oradores son unas veces promovidos al primero y otras veces a la segunda, en función de sus merecimientos, al darse una estricta y permanente relación entre los tres.