Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Ciertamente, existe una especie de gente malhumorada, criticona y malcriada que pretende abominar completamente de estas amables innovaciones, y en cuanto a la similitud con la comida, admiten el paralelismo, pero tienen la osadía de declarar que el ejemplo elegido es de un gusto corrompido y degenerado. Nos dicen que la moda de hacer un revoltijo de cincuenta cosas juntas en un plato se introdujo para satisfacción de un apetito depravado y pervertido, además de una naturaleza disparatada, y que ver a un hombre rebuscando en una olla a la caza de la cabeza y los sesos de un ganso, de un pato o de una perdiz es señal de que carece de estómago y de tripas para más sustanciosas vituallas. Afirman, además, que las digresiones en un libro son como las tropas extranjeras en un país, que alegando que la nación no tiene ni un corazón ni unas manos propias, a menudo acaban sometiendo a sus nativos o los arrinconan a los lugares más estériles.