Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Entramos, por fin, en el palacio, y luego en la sala de audiencia, donde vi al rey sentado en su trono; a ambos lados le daban asistencia personas de principal calidad. Ante el trono había una gran mesa llena de globos, esferas e instrumentos matemáticos de todas clases, Su Majestad no hizo el menor caso de nosotros, aunque nuestra entrada no dejó de acompañarse de ruido suficiente, al que contribuyeron todas las personas pertenecientes a la corte. Pero él estaba entonces enfrascado en un problema, y hubimos de esperar lo menos una hora a que lo resolviese. A cada lado suyo había un joven paje en pie, con sendos mosqueadores en la mano, y cuando vieron que estaba ocioso, uno de ellos le golpeó suavemente en la boca, y el otro en la oreja derecha, a lo cual se estremeció como hombre a quien despertasen de pronto, y mirándome a mí y a la compañía que tenía en su presencia recordó el motivo de nuestra llegada, de que ya le habían informado antes. Habló algunas palabras, e inmediatamente un joven con un mosqueador se llegó a mi lado y me dio suavemente en la oreja derecha; pero yo di a entender con las señas más claras que pude que no necesitaba semejante instrumento, lo que, según supe después, hizo formar a Su Majestad y a toda la corte tristísima opinión de mi inteligencia. El rey, por lo que pude suponer, me hizo varias preguntas, y yo me dirigí a él en todos los idiomas que sabía. Cuando se vio que yo no podía entender ni hacerme entender, se me condujo, por orden suya, a una habitación de su palacio -sobresalía este príncipe entre todos sus predecesores por su hospitalidad a los extranjeros-, y se designaron dos criados para mi servicio. Me llevaron la comida, y cuatro personas de calidad, a quienes yo recordaba haber visto muy cerca del rey, me hicieron el honor de comer conmigo. Nos sirvieron dos entradas, de tres platos cada una. La primera fue un brazuelo de carnero cortado en triángulo equilátero, un trozo de vaca en romboide y un pudín en cicloide. La segunda, dos patos, empaquetados en forma de violín; salchichas y pudines imitando flautas y oboes, y un pecho de ternera en figura de arpa. Los criados nos cortaron el pan en conos, cilindros, paralelogramos y otras diferentes figuras matemáticas.