Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Expresé a Su Alteza mi más humilde reconocimiento por tan gran favor. Estábamos en un aposento desde donde se descubrÃa una bella perspectiva del parque. Y como mi primera inclinación me llevara a admirar escenas de pompa y magnificencia, pedà ver a Alejandro el Grande a la cabeza de su ejército inmediatamente después de la batalla de Arbela; lo cual, a un movimiento que hizo con un dedo el gobernador, se apareció inmediatamente en un gran campo al pie de la ventana en que estábamos nosotros. Alejandro fue llamado a la habitación; con grandes trabajos pude entender su griego, que se parecÃa muy poco al que yo sé. Me aseguró por su honor que no habÃa muerto envenenado, sino de una fiebre a consecuencia de beber con exceso.
Luego vi a AnÃbal pasando los Alpes, quien me dijo que no tenÃa una gota de vinagre en su campo. Vi a César y a Pompeyo, a la cabeza de sus tropas, dispuestos para acometerse. Vi al primero en su último gran triunfo. Pedà que se apareciese ante mà el Senado de Roma en una gran cámara, y en otra, frente por frente, una Junta representativa moderna. Se me antojó el primero una asamblea de héroes y semidioses, y la otra, una colección de buhoneros, raterillos, salteadores de caminos y rufianes.