Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver El día 9 de mayo de 1711, un tal James Welch bajó a mi camarote y me dijo que había recibido del capitán orden de desembarcarme. Discutí con él, pero en vano; ni siquiera quiso decirme quién era su nuevo capitán. Me forzó a entrar en la lancha, después de permitirme ponerme mi traje mejor, que estaba nuevo, y coger un atadijo de ropa blanca; pero no armas, salvo mi alfanje. Y fueron tan amables, que no me registraron los bolsillos, donde yo me había guardado todo el dinero que tenía y algunas cosillas de mi uso. Remaron obra de una legua y me desembarcaron en una playa. Les supliqué que me dijesen qué país era aquél; todos me juraron que lo ignoraban tanto como yo; sólo sabían que su capitán -como ellos decían- había resuelto, después de vender la carga, deshacerse de mí en el primer punto donde descubriesen tierra. Se apartaron en seguida, recomendándome que me apresurase para que la marea no me alcanzara, y de este modo se despidieron de mí.