Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver En suma: el proceder de aquellos animales era tan ordenado y racional, tan agudo y discreto, que, por último, concluà que habÃan de ser mágicos que con ciertos fines se hubieran metamorfoseado y que, encontrando a un extranjero en su camino, hubiesen querido holgarse con él, o quizá que realmente se sorprendieran a la vista de un hombre tan diferente, por su traje, su semblante y su tez, de los que era probable que hubiese en clima tan remoto. Tomando fundamento de estas razones, me aventuré a dirigirme a ellos en la manera siguiente: «Caballeros: si sois encantadores, como tengo serios motivos para suponer, entenderéis todos los idiomas; de consiguiente, me permito comunicar a vuestras señorÃas que yo soy un pobre inglés afligido, lanzado por mis desventuras a vuestra playa; y rogar que uno de los dos me deje ir en su lomo, como si fuese un caballo verdadero, hasta alguna casa o aldea donde pueda ser remediado. Y en pago de este favor yo os regalaré este cuchillo y este brazalete.» Y los saqué del bolsillo al mismo tiempo. Los dos animales guardaron silencio mientras yo hablaba, con muestra de escucharme muy atentamente; y cuando hube terminado relincharon repetidamente cada uno, dirigiéndose al otro, como si mantuviesen una seria conversación. Observé con toda claridad que su lenguaje expresaba muy bien las pasiones, y las palabras hubiesen podido reducirse sin gran trabajo a un alfabeto más fácilmente que el chino.