Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver El emperador y toda su corte estaban en la playa esperando el éxito de esta gran aventura. Veían avanzar los barcos formando una extensa media luna; pero no podían distinguirme a mí, que estaba metido hasta el pecho en el agua. Ya llegaba yo a la mitad del canal y su zozobra no menguaba, porque las aguas me cubrían hasta el cuello. Pensaba el emperador que yo me había ahogado y que la flota del enemigo se aproximaba en actitud hostil; pero en breve se desvanecieron sus temores, porque, disminuyendo la poca profundidad del canal a cada paso que daba yo, pronto estuve a distancia para hacerme oír; y alzando el cabo del cable con que estaba atada la flota, grité en voz muy alta: «¡Viva el muy poderoso emperador de Liliput!» Este gran príncipe me recibió al llegar a tierra con todos los encomios posibles y me hizo allí mismo nardac, que es el más alto título honorífico entre ellos.