La Cosecha
La Cosecha Aferrado estoy a mi pobre cuerpo, que es como tabla viva entregada a la correntada de mis años terrenales. Una vez que fine la travesÃa, lo abandonaré. ¿Entonces? ¿Será la misma luz? ¿Habrá la misma oscuridad?
La eterna libertad está en lo Ignoto, que es impÃo con sus amores y se complace en aplastar la perla muda dentro de su cárcel de sombras.
¡Corazón, corazón mÃo! No llores más, no pienses en los dÃas que pasaron. ¡RegocÃjate! otros dÃas están por llegar. Pronto llegará tu hora, peregrino. ¡Es tiempo ya de que tomes por el nuevo sendero!
Una vez más el velo caerá de su rostro y podrás contemplarlo con tus propios ojos...:
