El estado judÃo
El estado judÃo Nadie efectuará el viaje en la miseria. Se hará todo lo posible para rodearlos de bienestar. Mucho antes de la partida, se convendrá la emigración común (en el mejor de los casos transcurrirán aún años hasta que pueda llevarse a cabo el movimiento en ciertas clases); las gentes de posición holgada se reunirán en grupos de viaje. Cada uno llevará a sus relaciones personales. Sabemos ciertamente que, excepción hecha de los más ricos, los judÃos casi no tienen trato con los cristianos. En muchos paÃses sucede que el judÃo que no mantiene unos cuantos gorristas, gente que viven de su crédito y adulones, no conoce a cristiano alguno. El gueto persiste interiormente.
Por consiguiente, la burguesÃa se preparará larga y cuidadosamente para la partida. Cada lugar constituye su grupo. En las grandes ciudades se forman muchos, según los distritos, que se relacionan entre sà por medio de representantes escogidos. Esta división en distritos no es obligatoria. A decir verdad está concebida para aliviar a gentes de medios más reducidos y para que no surja, durante el viaje, el descontento o la nostalgia. Cada cual es libre de viajar solo o de unirse a algún grupo local. Las condiciones son, según las clases, iguales para todos. Si un grupo de viajeros se organiza en grupo numeroso, la Company le facilitará un tren entero y luego, todo un buque.