Amo y criado
Amo y criado —No cabe duda de que nos hemos perdido, Vasili Andreich —dijo de pronto Nikita con un dejo de satisfacción—. ¿Qué es eso? —añadió a continuación, señalando unas hojas negras de patata, que despuntaban en la nieve.
Vasili Andreich detuvo el caballo, que estaba ya empapado en sudor y movÃa con esfuerzo las ancas torneadas.
—¿Qué es? —preguntó.
—Estamos en el campo de Zajárovka. ¡A buen sitio hemos ido a parar!
—¡Mientes! —gritó Vasili Andreich.
—No, Vasili Andreich, digo la verdad —replicó Nikita—. A juzgar por el ruido que hace el trineo, estamos en un sembrado de patatas. Mire esos montones de hojas. Estamos en el campo de la fábrica de Zajárovka.
—¡Hay que ver dónde hemos acabado! —dijo Vasili Andreich—. ¿Y ahora qué hacemos?
—Tenemos que seguir recto; eso es todo. Y ya llegaremos a algún sitio —dijo Nikita—. Si no a Zajárovka, al menos a la granja del propietario.