Amo y criado
Amo y criado El caballo avanzó sin vacilar por el camino cubierto de nieve; no habían recorrido ni cuarenta sazhens cuando se divisó la banda negra y enhiesta de la cerca de un granero, y a mayor altura un tejado cubierto de una espesa capa de nieve, que se derramaba sin parar.
Cuando dejaron atrás el granero, el camino giró en la dirección del viento y el trineo se topó con un montón de nieve. Más allá se divisaba un sendero que discurría entre dos casas, señal de que ese montón se había formado en medio del camino y había que atravesarlo. En efecto, nada más hacerlo, desembocaron en una calle. En el primer patio, colgadas de una cuerda, revoloteaban desesperadamente unas prendas congeladas: una camisa roja, otra blanca, unos calzones, unas calzas y una falda. La camisa blanca se debatía con especial desesperación, agitando las mangas.
—Aunque es día de fiesta, esa mujer no ha recogido la ropa.
—Debe de ser muy perezosa o estar con un pie en la tumba —dijo Nikita, mirando cómo ondeaban las camisas.