Amo y criado
Amo y criado Vasili Andreich dio la vuelta y atravesó de nuevo la aldea.
—¡Más valdrÃa que pasarais aquà la noche! —les gritó Isái.
Pero Vasili Andreich no le respondió y siguió azuzando al caballo. Le parecÃa fácil recorrer cinco verstas por un camino llano, dos de ellas a través del bosque, sobre todo ahora que el viento se habÃa calmado y habÃa dejado de nevar.
Volvieron a recorrer la lisa calle, en la que despuntaban aquà y allá montones negros de estiércol; pasaron por delante del patio con la ropa tendida, donde la camisa blanca colgaba de una manga helada y estaba a punto de caerse; se toparon de nuevo con los sauces, que ululaban terriblemente, y salieron otra vez a campo abierto. La nevasca, en lugar de amainar, parecÃa haberse recrudecido. Todo el camino estaba cubierto de nieve; sólo gracias a los mojones podÃan saber que no se habÃan perdido, pero era difÃcil distinguirlos, porque el viento les daba de cara.