Amo y criado
Amo y criado —Hasta un niño pequeño serÃa capaz de llegar a Molchánovka. Lo único que hay que hacer es girar en el lugar preciso de la carretera, justo donde se alza un arbusto. Pero ¡no habéis llegado hasta allÃ! —dijo el vecino.
—DeberÃais quedaros a pasar la noche. Las mujeres os prepararán un lecho —insistÃa la vieja.
—SerÃa mucho mejor que os marcharais por la mañana —corroboraba el viejo.
—¡No puedo, amigo, tengo que ocuparme de un asunto! —dijo Vasili Andreich—. Si pierdes una hora, no la recuperas en un año —añadió, acordándose del bosquecillo y de los comerciantes que podÃan frustrarle esa compra—. Llegaremos sin contratiempos, ¿no es asÃ? dijo, dirigiéndose a Nikita.
Éste tardó en contestar. Por lo visto, seguÃa ocupado limpiando de escarcha su barba y su bigote.
—Mientras no volvamos a perdernos —dijo con aire sombrÃo.
Estaba malhumorado porque le apetecÃa muchÃsimo beber un trago de vodka; lo único que podÃa calmar ese deseo era el té pero aún no se lo habÃan servido.
—Lo importante es llegar a ese giro; una vez allà no nos perderemos, porque se va por el bosque —comentó Vasili Andreich.