Amo y criado
Amo y criado —Como usted quiera, Vasili Andreich. Si hay que ir, iremos —exclamó Nikita, cogiendo el vaso de té que le tendÃan.
—Nos bebemos el té y nos marchamos.
Por toda respuesta, Nikita sacudió la cabeza; luego vertió cuidadosamente en un platillo un poco de té, del que se elevó una nube de vapor, y se puso a calentarse las manos, con dedos hinchados de tanto trabajar. A continuación, mordiendo un minúsculo pedazo de azúcar, se inclinó ante los dueños y dijo:
—A vuestra salud —y engulló el humeante lÃquido.
—Tal vez podrÃa venir alguien con nosotros hasta el giro —dijo Vasili Andreich.
—Pues claro —dijo el hijo mayor—. Petruja enganchará un caballo y os acompañará hasta allÃ.
—Entonces engancha, amigo. Sabré agradecértelo.
—¡Qué cosas dices, querido! —exclamó la afectuosa anciana—. Nos alegramos mucho de poder servirte.
—Petruja, vete a enganchar la yegua —dijo el hermano mayor.
—Ahora mismo —dijo Petruja con una sonrisa y, sin perder más tiempo, cogió el gorro, colgado de un clavo, y salió.