Amo y criado
Amo y criado Se produjo un silencio embarazoso, interrumpido por Petruja, que ya había enganchado el caballo y llevaba unos minutos en la casa, donde había escuchado la conversación con una sonrisa en los labios.
—En el Paulson hay una fábula al respecto —dijo—. Un padre les dio a sus hijos una escoba para que la rompieran. Al principio no lo consiguieron, pero luego empezaron a quitar una ramita tras otra y todo se volvió fácil. Así sucede también en este caso —exclamó, con una amplia sonrisa—. ¡Ya está listo el trineo! —añadió.
—Pues vamos —dijo Vasili Andreich—. En lo que respecta a la división, abuelo, no cedas. Tú has reunido el patrimonio y tú eres el amo. Es mejor que vayas a ver al juez de paz. Él te dirá lo que tienes que hacer.
—Pero él sigue dale que dale —añadió el anciano con voz llorosa—. No atiende a razones. Es como si estuviera poseído por el demonio.