Amo y criado
Amo y criado Nikita se apeó y vagó de nuevo por la nieve. Caminó un buen rato y finalmente reapareció por la parte opuesta a la que se había marchado.
—Vasili Andreich, ¿dónde estás? —gritó.
—¡Aquí! —respondió éste—. ¿Qué pasa?
—No distingo nada. Está muy oscuro. Hay barrancos por todas partes. Tenemos que ir otra vez en contra del viento.
Reanudaron la marcha. Nikita avanzó con esfuerzo por la nieve y a continuación se sentó; luego se apeó otra vez; por último, se detuvo sin aliento junto al trineo.
—¿Qué pasa? —preguntó Vasili Andreich.
—¡Estoy agotado y el caballo se niega a seguir!
—¿Y qué hacemos?
—Nada, esperar un poco.
Nikita se alejó de nuevo, pero no tardó en volver.
—Sígueme —dijo, poniéndose delante del caballo.
Vasili Andreich ya no daba ninguna orden y hacía sin rechistar lo que le decía Nikita.
—¡Por aquí, sígueme! —gritó Nikita y, girando bruscamente a la derecha, cogió las riendas y condujo a Mujorti hacia un montón de nieve.