Amo y criado
Amo y criado Al principio el caballo se resistió, pero luego se puso en marcha con la esperanza de pasar por encima del montón, pero no lo consiguió y se quedó hundido en la nieve hasta la collera.
—¡Bájate! —gritó Nikita a Vasili Andreich, que seguía sentado en el trineo, y, levantando una vara, acercó el trineo al caballo—. Es duro, amigo —dijo, dirigiéndose a Mujorti—, pero no hay más remedio. ¡Haz un esfuerzo! ¡Vamos, vamos, un poco más! —gritó.
Por dos veces el caballo tiró con todas sus fuerzas, pero no consiguió salir y se quedó quieto, como si meditara en algo.
—Así no puede ser, amigo —exclamó Nikita, aleccionando a Mujorti—. ¡Vamos, un esfuerzo más!
Nikita volvió a empujar la vara desde su lado, mientras Vasili Andreich hacía lo propio desde el suyo. El caballo sacudió la cabeza y de pronto volvió a tirar.
—¡Venga! ¡Adelante! ¡No tengas miedo que no te hundirás! —gritaba Nikita.
Después de tirar tres veces, el caballo salió del montón de nieve y se detuvo, respirando con dificultad y sacudiendo todo el cuerpo. Nikita quería continuar, pero Vasili Andreich, sofocado con sus dos pellizas, no pudo seguir andando y se desplomó sobre el trineo.