Amo y criado
Amo y criado —¿Qué estás haciendo? —preguntó Vasili Andreich.
—Desenganchar. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Ya no me quedan fuerzas —respondió Nikita, como disculpándose.
—¿No podemos llegar a algún sitio?
—No. Sólo conseguirÃamos martirizar al caballo. El pobre no se tiene en pie —dijo Nikita, señalando a Mujorti, que les miraba con docilidad, dispuesto a acatar cualquier orden, moviendo trabajosamente los flancos empapados y hundidos—. Tenemos que dormir aquà —añadió, como si se preparase a pasar la noche en una posada, y empezó a desanudar la correa de la collera.
Las hebillas se soltaron.
—¿No nos congelaremos? —preguntó Vasili Andreich.
—Y qué le vamos a hacer. Si ése es nuestro destino… —dijo Nikita.