Amo y criado
Amo y criado «Los robles darán madera para patines. La tala no será difÃcil. Además, habrá unos treinta sazhens de leña por cada desiatina —se decÃa—. Eso quiere decir que cada desiatina me rendirá por lo menos doscientos veinticinco rublos. Asà que cincuenta y seis desiatinas hacen cincuenta y seis veces cien rublos, otras cincuenta y seis veces cien rublos, cincuenta y seis veces diez rublos, otras cincuenta y seis veces diez rublos y cincuenta y seis veces cinco rublos». Vio que el resultado superaba los doce mil rublos, pero sin un ábaco[7] no pudo hacer un cálculo exacto. «De todos modos no le daré diez mil; tendrá que conformarse con ocho mil con una deducción por los claros. Sobornaré al agrimensor; le daré cien rublos o ciento cincuenta y él marcará unas cinco desiatinas de claros. Asà el propietario me lo venderá por ocho mil. Seguro que se ablandará cuando vea los tres mil rublos que llevo encima pensó, apretando con el antebrazo la cartera que tenÃa en el bolsillo—. ¡Sólo Dios sabe cómo nos hemos perdido después del giro! ¡Allà tendrÃa que estar el bosque, con la caseta del vigilante! TendrÃamos que oÃr a los perros. Pero esos malditos nunca ladran cuando se les necesita.»