Amo y criado
Amo y criado «De haberlo sabido, nos habrÃamos quedado en la aldea a pasar la noche. Pero da igual, llegaremos mañana. Sólo habré perdido un dÃa. Con este tiempo tampoco habrán llegado los otros.» Se acordó de que el dÃa nueve el carnicero tenÃa que entregarle el dinero por los carneros castrados. «Me dijo que irÃa a casa; pero no me encontrará y mi mujer no será capaz de pedirle el dinero. Es demasiado ignorante. No sabe tratar a la gente —siguió pensando, acordándose de que en la fiesta del dÃa anterior no habÃa sabido comportarse con el comisario al que habÃa invitado—. ¡Claro que no es más que una mujer! No ha visto nada. ¿Qué tenÃamos nosotros en tiempos de mi padre? Una casa de campesino rico, nada más, y todas nuestras propiedades consistÃan en un molino y una posada. ¿Y qué he conseguido yo en quince años? Una tienda, dos tabernas, un molino, un almacén, dos fincas arrendadas, una casa con granero y tejado de hierro —recordó con orgullo—. ¡Nada que ver con los tiempos de mi padre! ¿Ahora de quién se habla en los alrededores? De Brejunov. ¿Y por qué? Porque estoy pendiente de mis negocios y me esfuerzo; no como los demás, que se pasan el dÃa tumbados o pierden el tiempo en estupideces. Yo no duermo ni de noche. Si tengo que ir a algún sitio, voy, ya nieve o luzca el sol. Por eso me salen bien los negocios. Muchos piensan que ganar dinero es cosa de broma. No, requiere mucho esfuerzo y quebraderos de cabeza. Por ejemplo, pasar la noche en el campo, sin pegar ojo, dándole tantas vueltas a tus pensamientos que los sientes debajo de la cabeza como una almohada —reflexionaba con orgullo—. La gente cree que uno se abre camino porque tiene suerte. Pues ahà están los Mirónov, que ahora son millonarios. ¿Y por qué? Porque, cuando uno se esfuerza, Dios le ayuda. Mientras Dios me conserve la salud.»