Amo y criado
Amo y criado «¡No puedo quedarme aquà tumbado, esperando la muerte! Es mejor que me monte en el caballo y me vaya —le vino de pronto a la cabeza—. Con un jinete solo el caballo no se parará. A él no le importa morir —se dijo, refiriéndose a Nikita—. Para la vida que lleva, lo mismo le da; pero a mÃ, gracias a Dios, me quedan muchas cosas por hacer…»
A continuación desató el caballo, le pasó las riendas por el cuello y trató de montar, pero las pellizas y las botas eran tan pesadas que se lo impidieron. Entonces se subió al trineo con intención de saltar desde allÃ, pero el trineo se balanceó bajo su peso, y no lo consiguió. Finalmente acercó el caballo al trineo y, encaramándose con gran cautela a uno de los bordes, logró subirse boca abajo sobre su lomo. Una vez allÃ, empezó a desplazarse hacia delante hasta que pudo pasar una pierna por la grupa del animal y sentarse, apoyando los pies en la retranca. La sacudida del trineo despertó a Nikita, que se incorporó. A Vasili Andreich le pareció que le decÃa algo.
—¡No puede hacer uno caso de vosotros, estúpidos! ¿Te crees que voy a morirme asà sin más? —gritó Vasili Andreich y, remetiéndose bajo las rodillas los faldones de la pelliza, agitados por el viento, volvió grupas y se alejó del trineo, siguiendo la dirección en la que suponÃa que debÃa encontrarse el bosque y la caseta del vigilante.