Amo y criado
Amo y criado «¿Mis pecados? —se dijo, y recordó sus borracheras, el dinero gastado en bebida, las ofensas causadas a su mujer, las palabrotas, su falta de asistencia a los servicios religiosos, su negligencia a la hora de guardar el ayuno y todo lo que el pope le reprochaba cuando se confesaba—. SÃ, he cometido muchos pecados. Pero ¿acaso tengo yo la culpa? Es Dios quien me ha hecho asÃ. ¡SÃ, he pecado! Bueno ¿qué voy a hacer ahora?»
En un principio pensó en lo que podÃa sucederle esa noche, pero luego se entregó a una serie de recuerdos que le vinieron a la cabeza por sà solos. Tan pronto se acordaba de la llegada de Marfa como de la borrachera de los trabajadores, de las veces que se habÃa negado a beber, del viaje de esa noche, de la isba de Tarás, de la conversación sobre las particiones, de su hijo, de Mujorti, al que habÃa tapado con la manta, y de su amo, que se removÃa en el trineo, como delataba el crujido de la madera. «Me figuro que el pobre tampoco está contento de este viaje —pensó—. Debe de ser duro abandonar una vida como la suya. No es como la nuestra.» Y todos esos recuerdos empezaron a entreverarse y a confundirse en su cabeza, hasta que se quedó dormido.