Amo y criado
Amo y criado De pronto resonó junto a su oreja un grito terrible y ensordecedor, y todo tembló y se estremeció debajo de él. Vasili Andreich se agarró al cuello del caballo, pero también éste temblaba; el grito se hizo aún más espantoso. Durante unos segundos Vasili Andreich fue incapaz de reponerse y de comprender lo que estaba pasando: era Simplemente que Mujorti, bien por darse ánimos o para solicitar ayuda, había relinchado con su voz fuerte y retumbante. «¡Uf, así revientes! ¡Qué susto me has dado, maldito!», se dijo Vasili Andreich. No obstante, aun cuando había comprendido la causa de su miedo, no lograba desembarazarse de él.
«Tengo que serenarme y reflexionar», se dijo, pero no conseguía dominarse y seguía azuzando al caballo, sin darse cuenta de que ya no iba en contra del viento, sino a favor. Tenía el cuerpo frío y dolorido, especialmente entre las piernas, donde le rozaba el sillín y no le cubría la pelliza; sus extremidades temblaban y su respiración era entrecortada. Se daba cuenta de que iba a morir en medio de ese terrible desierto de nieve y no veía ningún modo de salvarse.