Amo y criado

Amo y criado

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—¿Qué quieres? —preguntó—. ¿Qué dices?

—Me mue-ro —pronunció Nikita con dificultad y voz entrecortada—. Dale a mi hijo lo que me debes, o a mi mujer, da igual…

—¿Te has congelado? —preguntó Vasili Andreich.

—Siento… que me estoy muriendo… Perdóname, por el amor de Dios… —dijo Nikita con voz llorosa, mientras seguía sacudiendo las manos por delante del rostro, como si estuviera espantando moscas.

Durante medio minuto Vasili Andreich guardó silencio y no se movió; luego, de repente, con la misma decisión con que chocaba las manos cuando conseguía cenar un buen trato, retrocedió un paso, se subió las mangas de la pelliza y, con ambas manos, empezó a retirar la nieve que cubría a Nikita y el interior del trineo. Una vez concluida esa tarea, se desabrochó con premura la pelliza y, empujando a Nikita, se tumbó encima de él, cubriéndolo no sólo con la pelliza, sino con todo su cuerpo caliente. Tras remeter los faldones entre el borde del trineo yNikita y sujetar el bajo con las rodillas, Vasili Andreich se tendió boca abajo, apoyando la cabeza en el pescante. Ya no oía los movimientos del caballo ni el silbido de la tormenta; sólo prestaba oídos a la respiración de Nikita, que estuvo un buen rato inmóvil; luego emitió un profundo suspiro y se agitó.


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