Amo y criado
Amo y criado —¡Ya voy, ya voy! —dijo con alegría, y todo su ser se llenó de gozo. Sintió que era libre y que ya nada podía retenerle.
Vasili Andreich no vio ni oyó ni sintió nada más en este mundo.
Alrededor la nieve se arremolinaba. Los mismos torbellinos seguían girando, cubriendo la pelliza del difunto Vasili Andreich y el cuerpo tembloroso de Mujorti; apenas se veía ya el trineo, en cuyo fondo, bajo su amo muerto, yacía Nikita, que había entrado en calor.