Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Levin no contestó. Se paró en el pasillo. Había dicho a Nicolás que iba a traer a Kitty, pero, ahora, comprendiendo lo que sentía, decidió, al contrario, tratar de persuadirla de que no entrara en el cuarto del enfermo.

«¿Para qué ha de atormentarse como yo?», se dijo.

–¿Cómo está? –preguntó Kitty con aterrorizado semblante.

–¡Es terrible! ¿Por qué has venido? –dijo Levin.

Ella calló unos momentos, mirándole con timidez y compasión. Luego, acercándose a él, le cogió por el codo con ambas manos.

–Acompáñame allí, Kostia. Los dos soportaremos mejor el dolor. Sólo te pido que me lleves y te vayas.

Comprende que verte a ti sin verle es doblemente doloroso. Allí, quizá podré seros útil a ti y a él. Te suplico que me lo permitas –rogó a su marido como si la dicha de su vida dependiera de aquello.

Levin hubo de consentir, y, repuesto y olvidando por completo a María Nicolaevna, se dirigió con Kitty al cuarto de su hermano.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker