Ana Karenina
Ana Karenina –Esto no te hace falta –siguió el niño quitándole el sombrero.
Y cuando Ana estuvo sin él, Sergio como si en aquel momento la viese por primera vez, se precipitó a ella para besarla.
–¿Qué pensabas de mÃ? ¿CreÃas que habÃa muerto?
–No lo creà nunca.
–¿No lo creÃste, hijito mÃo?
–¡SabÃa que no, sabÃa que no! –respondió el niño empleando su frase predilecta.
Y cogiendo la mano de su madre, que acariciaba sus cabellos, la oprimió contra sus labios y la besó.