Ana Karenina
Ana Karenina –¿A mÃ, a mÃ? ¡Si estoy loco! Pero, ¡que hayas sufrido tú! Es horrible pensar que un extraño pueda destruir asà nuestra felicidad.
–Claro, esto es lo que ofende…
–Bien, para castigo de mi culpa, le invitaré a pasar con nosotros todo el verano y le colmaré de amabilidades –dijo Levin, besándole las manos–. Ya verás… Mañana… ¡Ah, es verdad que mañana vamos de caza!