Ana Karenina

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Capítulo 8

 

Al día siguiente, muy de mañana, antes de que los niños se levantasen, los vehículos en que iban a cazar el charabán y un carro– estaban ante la entrada.

«Laska», adivinando que había cacería, después de ladrar y saltar a su antojo, estaba ahora en el charabán al lado del cochero, mirando con inquietud y reproche la puerta, por la que tanto tardaban en aparecer los cazadores.

El primero en salir fue Veselovsky, con flamantes botas altas que le llegaban hasta la mitad de sus robustas piernas, con camisa verde de cazador, tocado con una gorra con cintas, ciñendo una canana nueva, que olía a cuero, y empuñando su escopeta inglesa nueva también, sin cordón ni correa.

«Laska» corrió a su encuentro, festejándole y preguntándole a su modo, con sus saltos, si los demás saldrían en breve, pero, no recibiendo contestación, volvió a su puesto de espera y allí aguardó de nuevo, con la cabeza de lado y una oreja aguzada.

Al fin, la puerta se abrió con estrépito y salió, dando saltos y cabriolas, «Krak» , el pointer de Oblonsky, y tras él el propio Oblonsky, con un cigarro en la boca y la escopeta en la mano.


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