Ana Karenina
Ana Karenina
–Dinos qué itinerario vamos a seguir –preguntó Oblonsky. –El plan es éste: ahora nos dirigiremos a las tierras pantanosas donde abundan las fúlicas. Después de Grozdevo empiezan magnÃficas marismas llenas de chochas y también de fúlicas. Ahora hace calor, pero como hay unas veinte verstas, llegaremos al oscurecer, y a esa hora podremos cazar… Pasaremos la noche allà y mañana seguiremos hacia los grandes pantanos.
–¿No hay nada por el camino?
–SÃ; pero tendrÃamos que detenernos, y hace tanto calor… Hay dos lugares excelentes, pero dudo que hallemos algo en ellos.
Levin sentÃa deseos de pararse en aquellos lugares, pero como distaban poco de casa, podÃa ir a ellos siempre que quisiera. Además eran sitios reducidos, y habÃa poco espacio para los tres. Por esta causa les mintió diciéndoles que allà habÃa poca caza. Mas, al pasar ante una de las pequeñas marismas, ante las cuales Levin trataba de pasar de largo, el experto ojo de cazador de Oblonsky distinguió en seguida la hierba del pantano.
–¿Y si nos detuviéramos ah� –exclamó señalando el lugar.
–¡Vayamos, Levin! ¡Es un lugar magnÃfico! –gritó Vaseñka. Y Levin tuvo que acceder.