Ana Karenina
Ana Karenina Levin, más irritado aún, quiso replicar, pero Vronsky, con su jovial y franca sonrisa, acudió para desviar la conversación, que amenazaba con tomar un cariz desagradable.
–¿No admite la posibilidad? –dijo–. ¿Por qué no? Asà como admitimos la existencia de la electricidad y no la conocemos, ¿por qué no ha de existir una fuerza nueva y desconocida, la cual… ?
–Cuando se descubrió la electricidad –respondió Levin inmediatamente– se comprobó el fenómeno y no su causa, y transcurrieron siglos antes de llegar a una aplicación práctica. En cambio, los espiritistas parten de la base de que los veladores les transmiten comunicaciones y los espÃritus les visitan, y es después cuando agregan que se trata de una fuerza desconocida.
Vronsky, como hasta entonces, escuchaba con atención a Levin, visiblemente interesado por sus palabras.
–Bien; pero los espiritistas dicen que la fuerza existe, aunque no saben cuál es, y añaden que actúa en determinadas circunstancias. A los sabios corresponde descubrir el origen de esa energÃa. No veo por qué no ha de existir una nueva fuerza que…