Ana Karenina
Ana Karenina –¿Y quién iba en él? –decÃa–. ¡El propio Vaseñka! Con su gorrita escocesa y las polainas, sentado sobre el heno. ¡Si al menos hubiesen ordenado prepararle el landolé!… Y luego oigo: « Esperen, esperen». Pensé: han tenido compasión de él. Pero veo que sientan a un grueso alemán y a él le levantan, le hacen que vaya de pie. ¡Y adiós mis lacitos! –terminaba simulando hallarse muy contrariada–. Mi fracaso era cierto.