Ana Karenina

Ana Karenina

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Ana separó su mirada de Daria Alejandrovna y, con el ceño fruncido (su nueva costumbre, que Dolly no conocía aún) quedó pensativa, queriendo descifrar el significado de aquellas palabras.

Al cabo de un rato, habiendo comprendido lo que Daria Alejandrovna había querido decir, volvió a mirarla y, lentamente y con firmeza, le dijo:

–Si tuvieses pecados, te serían perdonados por haber venido aquí y por estas palabras.

Dolly vio que brotaban abundantes lágrimas de los ojos de Ana y le estrechó la mano en silencio.

–¿Pero qué son estas construcciones? –insistió para cortar aquella situación–. ¡Cuántas hay!

–Son las casas de los empleados –explicó Ana–, la fábrica, las cuadras. Aquí empieza el paseo. Todo estaba abandonado y Alexey lo arregló. Tiene mucho cariño a esta hacienda y –lo que no esperaba de él en modo alguno– se interesa en gran manera por los trabajos. Desde luego, tiene una inteligencia privilegiada y una gran voluntad. Todo lo que emprende lo hace admirablemente. Y, no sólo no se aburre, sino que trabaja con pasión. Se ha convertido en un amo ordenado, económico y hasta avaro con las cosas de la propiedad. Sólo en esto, ¿eh?


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