Ana Karenina
Ana Karenina –¿Hemos hecho bien o mal? Ésta es otra cuestión. La suerte está echada –sentenció, hablando parte en ruso y parte en francés–. Estamos unidos para toda la vida. SÃ, estamos unidos inseparablemente por los lazos más sagrados para nosotros –los del amor–. Tenemos una niña, podemos tener otros hijos, a los cuales la ley y las condiciones de nuestra situación reservan severidades que Ana, ahora, respirando por todos los sufrimientos, de todas las penas pasadas, no ve, no quiere ver. Y se comprende… Pero, yo no puedo cerrar los ojos. Mi hija no es mi hija según la ley: ¡es una Karenina! Y yo no puedo soportar este engaño –terminó Vronsky con gesto enérgico y sombrÃo. Dirigió una mirada interrogativa a Dolly, que le miró a su vez, pero permaneció callada.
Alexey continuó: