Ana Karenina
Ana Karenina –Mañana podemos tener un hijo. Por la naturaleza será hijo mÃo; por la ley, será Karenin, y no podrá ser el heredero de mi fortuna. Ni de mi nombre siquiera. Y con cuantos hijos pudiéramos tener, resultarÃa lo mismo: que entre ellos y yo no habrÃa lazo legal alguno. Ellos serÃan Karenin. ¡Imagine cuán terrible es esta situación! He probado a exponerle todo esto a Ana, pero oÃr hablar de esto la irrita. Ella no comprende y yo no puedo explicárselo todo. Ahora no ve más que es feliz. «Soy feliz con tu amor; lo demás no me importa.» Asà piensa, sin duda. Yo también serÃa feliz asÃ, pero… Yo debo tener mis ocupaciones. He encontrado una aquà que me gusta y de la que estoy orgulloso, pues considero que mi trabajo es más noble que los empleos de mis compañeros en la Corte o en el servicio militar. Es indudable que no cambiarÃa mi trabajo por el de ellos. Con esto estoy contento y no necesitamos más para nuestra dicha. Me gusta esta actividad. Cela n'est pas un pis–aller ; al contrario…