Ana Karenina
Ana Karenina Y Daria Alejandrovna sonrió involuntariamente porque, al decir aquello, le acudió la duda de si, efectivamente, Ana era feliz.
Vronsky parecÃa sin embargo no dudar de ello.
–SÃ, sà –dijo–. Yo sé que después de todos esos sufrimientos se ha animado de nuevo y es feliz. Es feliz en el presente. Pero, ¿y yo? Temo lo que nos espera… Perdón, ¿usted quiere ir a algún sitio concreto?
–No… Es igual…
–Entonces, sentémonos aquÃ.
Daria Alejandrovna se sentó en un banco, en un rincón del paseo. Vronsky se quedó de pie, ante ella.
–Veo que Ana es feliz –dijo–. Pero no sé si podrá continuar asÃ.
La duda de si realmente serÃa feliz Ana asaltó de nuevo y con más fuerza a Dolly.
Vronsky continuó: