Ana Karenina
Ana Karenina –No has apreciado bien a mi amigo –dijo Esteban Arkadievich, que deseaba informar a Vronsky de las intenciones de Levin respecto a Kitty–. Reconozco que es un hombre muy impulsivo y que se hace desagradable a veces. Pero con frecuencia resulta muy simpático. Es una naturaleza recta y honrada y tiene un corazón de oro. Mas ayer tenÃa motivos particulares –continuó con significativa sonrisa, olvidando por completo la compasión que Levin le inspirara el dÃa antes y experimentando ahora el mismo sentimiento afectuoso hacia Vronsky–. SÃ: tenÃa motivos para sentirse muy feliz o muy desdichado.
Vronsky se detuvo y preguntó sin ambages:
–¿Quieres decir que se declaró ayer a tu belle soeur ?
–Quizás –concedió su amigo–. Se me figura que hizo algo asÃ. Pero si se fue pronto y estaba de mal humor, es que… Hace tiempo que se habÃa enamorado. ¡Le compadezco!
–De todos modos, creo que ella puede aspirar a algo mejor–dijo Vronsky.
Y empezó a pasear ensanchando el pecho. Añadió: