Ana Karenina
Ana Karenina Levin, en efecto, se habrÃa alegrado de tomar gusto a aquella cuestión, pero no pudo comprender de qué se trataba y, separándose unos pasos de los que hablaban, expresó a Esteban Arkadievich su sorpresa de que pidieran al Presidente provincial que presentase su candidatura.
–Oh, sancta simplicitas! –dijo Esteban Arkadievich. Y explicó a Levin claramente y en pocas palabras de qué se trataba–. ¿No comprendes que con las medidas que hemos tomado es preciso que Snetkov se presente? Si Snetkov renunciara a presentarse, el partido viejo podrÃa escoger otro candidato y desbaratar nuestros propósitos. Si el distrito de Sviajsky es el único que se abstiene de pedir que se presente, habrá empate, y entonces nosotros lo aprovecharemos para proponer un candidato de los nuestros.
Levin no comprendió bien lo que le explicaba su cuñado y quiso pedir algunas aclaraciones.
Pero en aquel momento, entre ruidosas conversaciones, se dirigieron todos a la sala grande.