Ana Karenina
Ana Karenina –¡Qué dichosa me siento de haber oído hablar a Kosnichev! Vale la pena quedarse sin comer. ¡Es maravilloso! ¡Con qué tono habla y con qué claridad! En el Palacio de Justicia ninguno de ustedes habla como él. Sólo Maindel lo hace algo bien, pero ni siquiera él llega a la elocuencia de Kosnichev.
Habiendo encontrado un sitio libre cerca de la balaustrada, Levin se inclinó y se puso a mirar y escuchar.
Todos los personajes estaban sentados, separados, en razón de comarcas, por pequeños tabiques.
En el centro de la sala estaba un hombre de uniforme que, con voz alta y suave, proclamaba:
–Presenta su candidatura para Presidente provincial de la Nobleza el comandante de caballería del Estado Mayor, Eugenio Ivanovich Apujtin.
Después de un rato de silencio, se oyó la voz débil de un viejo:
–Rehúsa.
–Candidatura del Consejero de la Corte, Pedro Petrovich –proclamó de nuevo el hombre que estaba en el centro.
–Rehúsa ––contestó una voz joven y chillona.
Se oyó el nombre de otro candidato y de nuevo un «rehúsa».
Así pasó cerca de una hora.