Ana Karenina
Ana Karenina Kitty estaba agradecida a su padre por no haberle dicho nada acerca de su encuentro con Vronsky. Durante el paseo que según costumbre dieron juntos y por la particular dulzura con que la trató, Kitty comprendió que su padre estaba satisfecho de ella. También ella misma estaba satisfecha de sÃ. Nunca se habÃa creÃdo capaz de poder manifestar ante su antiguo amado la firmeza y tranquilidad que manifestó, de poder dominar los sentimientos que en presencia de él habÃa sentido despertar en su alma.
Levin se sonrojó mucho más que ella cuando le dijo que habÃa encontrado a Vronsky en la casa de MarÃa Borisovna.
Le fue difÃcil decÃrselo y aún más contarle los detalles de aquel encuentro, porque él nada le preguntó y sólo la miraba con las cejas fruncidas.
–Siento mucho que no hayas estado presente –dijo Kitty–. No en la misma habitación, porque con tu presencia no habrÃa podido obrar tan naturalmente. Ahora mismo me ruborizo más, mucho más, que entonces –decÃa, conmovida hasta el punto de saltársele las lágrimas–. Lo que siento es que no pudieras verlo desde un lugar oculto…