Ana Karenina
Ana Karenina –No, no pasará nada. No pienses en ello. Iré a dar un paseo en coche con papá, por la avenida. Pasaremos a ver a Dolly. Antes de la comida te espero. ¡Ah! ¿Sabes que la situación económica de Dolly vuelve a ser insostenible? Debe en todas partes, no tiene dinero… Ayer hablé con mamá y con Arsenio (asà llamaba ella al marido de su hermana Lvova) y decidimos mandaros a ti y a él a hablar seriamente con Stiva. Es absolutamente imposible que las cosas sigan de este modo… Con papá no se puede hablar de esto… Pero si tú y Arsenio…
–Pero, ¿qué podemos hacer nosotros? –––objetó Levin.
–De todos modos, pasa a ver a Arsenio y háblale. Él te dirá lo que hemos decidido.
–Bien pasaré a verle. Con él siempre me pongo de acuerdo. A propósito: si voy al concierto, iré con Nataly. Adiós, pues.
En la escalinata, Kusmá, el criado que tenÃa ya cuando estaba soltero, detuvo a Levin.
–A «Krasavchik» le han herrado de nuevo –«Krasavchik» era el caballo que enganchaban a la izquierda del tiro que los Levin habÃan llevado del pueblo– y todavÃa cojea –dijo Kusmá–. ¿Qué hago, señor?