Ana Karenina
Ana Karenina –Pero ¿qué podemos hacer, Dolly?, ¿qué podemos hacer? Hay que pensar en lo mejor que pueda hacerse para solucionar esta terrible situación.
–Todo ha concluido y nada más –contestó Dolly–. Y lo peor del caso, compréndelo, es que no puedo dejarle; están los niños, las obligaciones, pero no puedo vivir con él. El simple hecho de verle constituye para mà una tortura.
–Querida Dolly, él me lo ha contado todo, pero quisiera que me lo explicases tú, tal como fue.
Dolly la miró inquisitiva. En el rostro de Ana se pintaba un sincero afecto, una verdadera compasión.