Ana Karenina
Ana Karenina –Comprendo –dijo– que su situación es también terrible. Soportar esto es más penoso para el culpable que para el que no lo es, si se da cuenta de que es él el causante de todo el daño. Pero ¿cómo perdonarle? ¿Cómo seguir siendo su mujer, después que ella … ? Vivir con él serÃa un tormento para mÃ, precisamente porque le he amado.
Los sollozos ahogaron su voz.
No obstante, cada vez que se enternecÃa, y como si lo hiciera intencionadamente, la idea que la atormentaba volvÃa de nuevo a sus palabras:
–Ella es joven y guapa –continuó–. ¿No comprendes Ana? Mi juventud se ha disipado… ¿Y cómo? En servicio de él y de sus hijos. Le he servido, consumiéndome en ello, y ahora a él le es más agradable una mujer joven, aunque sea una cualquiera. Seguramente que ellos hablarÃan de mÃ; o tal vez no, y en este caso es todavÃa peor. ¿Comprendes?
Y el odio animó de nuevo su mirada.