Ana Karenina
Ana Karenina –Nunca he rehusado cumplir mis compromisos en todo lo que me es posible, pero necesito tiempo para reflexionar, para ver si lo que he prometido está dentro de lo posible.
–No, Alexey Alejandrovich –dijo Oblonsky, levantándose airadamente–. No quiero creerlo… Ana es todo lo desgraciada que puede ser una mujer y tú no puedes rehusarle lo que te pide y le prometiste. En tal caso…
–Se trata de saber si podÃa o no prometerlo… Vous professez d'étre un libre penseur … Pero yo, como un hombre que tiene fe, no puedo, en una cuestión tan transcendental, obrar contra la ley cristiana.
–Pero en las sociedades cristianas, entre nosotros, a lo que sé, el divorcio está permitido –repuso Esteban Arkadievich–. El divorcio está permitido por nuestra Iglesia. Y vemos…
–Está permitido, pero no en este aspecto…
–Alexey Alejandrovich, no lo reconozco –dijo Oblonsky con dureza. Y, tras un pequeño silencio durante el cual reflexionó sobre la situación que creaba la negativa de Karenin–: ¿No eras tú quien lo perdonó todo –siguió en tono persuasivo– (y nosotros te lo supimos apreciar y agradecer) y el que, movido por un sentimiento cristiano, estaba pronto a todos los sacrificios? ¿No eras tú el que dijiste: «Cuando te pidan la camisa, da el caftán»? Y ahora…