Ana Karenina
Ana Karenina –Ahora te ruego que no hables más de esto. Terminemos nuestra conversación –contestó Alexey Alejandrovich levantándose de repente, muy pálido, temblándole la mandÃbula inferior y con voz lastimera.
–¡Ah! Bien. Te ruego que me perdones si te he causado dolor ––dijo Esteban Arkadievich con sonrisa equÃvoca y alargándole la mano–. Por mi parte, no he hecho más que cumplir fielmente lo que se me habÃa encargado.
Alexey Alejandrovich le dio la mano, quedó pensativo unos momentos y le dijo:
–Debo reflexionar y buscar consejo. Pasado mañana haré saber mi respuesta definitiva.