Ana Karenina
Ana Karenina –Sergio ha estado muy enfermo –explicó– después del último encuentro con su madre, que nosotros no habÃamos previsto, y a consecuencia, precisamente, de la impresión que recibió. Hasta hemos temido por su vida. Una cura bien llevada y baños de mar han repuesto su salud. Ahora, por consejo del médico, le he internado en un colegio. Efectivamente, el trato con los compañeros le ha producido una reacción beneficiosa y está completamente sano y estudia muy bien.
–¡Pero, si está hecho un hombre! Realmente ya no es Serguey sino un completo Sergio Alexievich ––comentó Esteban Arkadievich sonriendo y mirando extasiado al hermoso muchacho, ancho de espaldas, vestido con marinera azul y pantalón largo, de palabra fácil y ademanes desenvueltos en que encontraba convertido al pequeño Serguey.
El niño saludó a su tÃo como a un desconocido; pero, al reconocerle, se sonrojó y, como si se sintiese ofendido a irritado por algo, le volvió la espalda con precipitación.
Luego se acercó a su padre y le presentó su cuaderno con las notas obtenidas en la escuela.
–Esto ya está bien. Sigue asà –comentó su padre.