Ana Karenina
Ana Karenina –Hace tiempo que le conozco y estoy muy contenta de tratarle personalmente. Les amis de mes amis sont mes amis. Pero, para ser amigo, hay que compenetrarse con el estado de alma y temo que usted no lo hace con respecto al alma de Alexey Alejandrovich. Ya comprenderá usted a qué me refiero –dijo a Esteban Arkadievich levantando hacia él sus hermosos ojos.
–En realidad, Condesa, no conozco bien la posición de Alexey Alejandrovich –dijo Oblonsky, no comprendiendo bien qué era lo que querÃa decirle y firme en su propósito de congraciarse con ella, procurando llevar aquella conversación, inexplicable aún para él, a términos generales.
–¡Oh! No me refiero a cambios exteriores –dijo severamente la Condesa, siguiendo al mismo tiempo, con mirada enamorada, a Alexey Alejandrovich, que se habÃa levantado y se acercaba a Landau–. Su corazón es lo que ha cambiado porque se ha dado a otro corazón. Y temo que usted no haya meditado bastante sobre esta maravillosa transformación obrada en él.