Ana Karenina
Ana Karenina –Le he presentado como Landau –añadió en voz baja y mirando inmediatamente a Alexey– pero en realidad es el conde Bezzubov, como usted sabrá seguramente, aunque él rechaza este tÃtulo.
–SÃ, lo he oÃdo –contestó Esteban Arkadievich–. Y dicen –añadió, con ánimo de congraciarse con la Condesaque ha curado completamente a la condesa Bezzubova.
–Hoy ha venido a verme. Da lástima verla –dijo la Condesa, dirigiéndose a Alexey Alejandrovich–. Esta separación será terrible para ella. Es en verdad un duro golpe.
–Pero, decididamente, ¿se va? –preguntó Alexey Alejandrovich.
–SÃ, se va a ParÃs. Ayer oyó una voz –contestó la condesa Lidia Ivanovna, mirando a Esteban Arkadievich.
–¡Ah!… Una voz… –repitió Oblonsky pensando que tenÃa que obrar con la mayor prudencia posible en este ambiente en el que observaba y presentÃa cosas muy particulares cuyo secreto él no poseÃa.
Se produjo un momento de silencio, después del cual Lidia Ivanovna, como empezando a hablar del objeto más importante de la conversación, dijo a Oblonsky con fina sonrisa: