Ana Karenina
Ana Karenina –¡Cuánto mal ha producido la falsa interpretación de este pasaje! Nada repugna tanto a la fe como esta interpretación. Decir « no hago buenas obras significa que no tengo fe». Y asà no está escrito en ninguna parte, sino que se ha dicho precisamente lo contrario.
–¡Trabajar para Dios, con esfuerzo continuo, con ayunos, para salvar su alma! –dijo la condesa Lidia Ivanovna, con desprecio y repugnancia–. Ésa es la concepción salvaje de nuestros monjes… siendo asà que eso no está dicho en ninguna parte. Es mucho más sencillo y fácil –añadió, mirando a Oblonsky con la misma sonrisa reconfortante con la cual, en la Corte, animaba a las jóvenes damas de honor cuando las veÃa cohibidas por el nuevo ambiente.
–Estamos salvados por Cristo, que sufrió por nosotros. Estamos salvados por nuestra fe –dijo Alexey Alejandrovich apoyando también con su mirada las palabras de Lidia Ivanovna.
–Vous comprennez l'anglais ? –le preguntó la Condesa. Y, habiendo recibido una contestación afirmativa, se levantó y se puso a buscar algo en un pequeño estante–librerÃa que habÃa en la misma habitación.
Luego vino con un libro y presentándoselo a Alexey Alejandrovich, le dijo: